lunes, 6 de noviembre de 2017

WARROS siglo XXI: la mala educación de nuestros días

Comparto con vosotros un articulo de Yold que me ha gustado.
 
 
A la mayoría de los que vivimos ya en la mediana edad nos educaron con bastantes restricciones, y a costa de alguna que otra colleja que nos encarriló para siempre. Pero la grosería se moderniza y los nuevos hábitos, adelantos y costumbres vienen acompañados de nuevas y modernas formas de comportarse como un auténtico gañán. Hoy en GY, las nuevas formas de la mala educación.
Guardar silencio mientras hablaban los mayores; comer sin hacer ruido y no moverse de la mesa; ceder el asiento del bus si entraba una abuela; respetar a los padres, profesores y vecinos… los que ya tenemos unos añitos fuimos educados, en la mayor parte de los casos, con poco margen de actuación para salirse de los esquemas, porque en aquellos tiempos los derechos de los niños estaban algo menos avalados que ahora, y a la mínima de cambio, te calzaban un buen azote o una colleja que, según las viejas pedagogías, te dejaban la lección bien aprendida. Eso decían, que cada uno juzgue según su experiencia. Pero lo que sí que estaba bastante claro es que, por lo general, los padres de los años 60 y 70 no se andaban con tonterías…
Mucho ha cambiado la historia desde entonces: la vida entre los siglos XX y XXI ha evolucionado que es una barbaridad: apenas si sabemos escribir con las manos, porque todos andamos tecleando y comunicándonos por el ordenador y sobre todo por el teléfono… Nuestro móvil nos acompaña en el trabajo, en el metro y hasta en el bar. Hemos avanzado tecnológicamente en cincuenta años, más que en los 200 anteriores. Está claro que el futuro ya está aquí. Pues bien, una sociedad con una evolución tan avanzada como la nuestra también tendría que haber ganado en respeto, valores y educación respecto a la de hace algunas décadas. Pero, realmente no parece que eso haya ocurrido.
Con todo, en respeto el ser humano hemos evolucionado algo: afortunadamente, vivimos una época en la que muchos nos preocupamos de nuestros animales; en la que minorías como el colectivo gay ya no son perseguidas (hablamos del mundo occidental) y poco a poco, vamos también mejorando en valores de igualdad. Todo esto y mucho más es cierto. Pero también lo es el hecho de que, con los nuevos usos, costumbres, hábitos y tecnologías hemos descubierto nuevas o reinventadas modalidades de hacer el cafre, en las que todos o casi todos nosotros participamos, y algunos se llevarían matrícula de honor. Porque la mala educación, el no saber estar, la falta de respeto y el que te importen un pimiento los demás, son valores universales que también se regeneran y reinventan. En pleno siglo XXI, estas son algunas de estas nuevas maneras de la mala educación, que entre todos, tendríamos que eliminar. Y si ves que nos falta alguna, no dejes de avisarnos. ¡Luchar contra ellas es cosa de todos”
Amado-odiado-móvilSin duda el teléfono móvil nos ha traído un montón de ventajas; pero también nos obliga a aguantar a auténticos energúmenos empeñados en compartir sus conversaciones privadas con nosotros; gente que no sólo no siente vergüenza por hablar de sus problemas familiares en el metro, sino que los grita a los cuatro vientos para que todos los oigamos mejor. Son frecuentes en el metro y conviven con esos grandes “amantes de la música” que te obligan a escuchar lo que ellos oyen; gente que se ahorra los tres euros que cuestan unos sencillos casos del Carrefour y llevan la música sonando en abierto, obligándote quieras o no a tragarte su reggaetón.
El lado más peligroso del móvil lo encontramos en el avión, con esos viajeros “estrella” que cuando ya estamos despegando, y a pesar de las advertencias de que el móvil se apague por la seguridad, siguen despidiéndose de la parienta. Sin olvidarnos, claro, de los que se olvidan de apagarlo en el cine o en el teatro, causando el destrozo consiguiente cuando les suena en medio del entreacto.
Banda sonora de palomitasSigamos en el cine: en Gente Yold maldecimos al tipo que se le ocurrió que inflarse a patatas y palomitas en el cine. Una costumbre, -como la de liarse a comentar durante media hora en medio de la peli- que crea un auténtico estrés asesino a los cinéfilos de verdad, a quienes tener que escuchar  el crack crak de la patata frita justo en la escena de suspense que requiere más concentración supone una auténtica provocación. En lo que a espectáculos se refiere encontramos un buen ramillete de opciones odiosas: desde el que te mete el codo en tu butaca y más allá, hasta el que llega media hora tarde al teatro y levanta a todo el patio de butacas cuando entra. También está ese que en la cola del cine, en la del paro, o en la del Mercadona, lo mismo da, se te pega como una lapa auténtica a las costillas.
En lugares de ocio públicos, hay que hacer una mención especial con diploma de honor a esa ya clásica familia o grupo de amigos, que te toca siempre al lado del restaurante, y que llevan de paseo a una auténtica manada de niños que chillan, saltan  y berrean siempre alrededor de tu mesa, ante la asombrosa indiferencia de sus padres. Sí, en esos momentos no podemos dejar de extrañar los métodos pedagógicos de nuestros progenitores.
Guerra en la carreteraDesde el que se pasa tres pueblos y conduce a la misma velocidad en la M-40 que en las calles del barrio, hasta el que tira las colillas del cenicero por la ventana, en el mundo del automóvil encontramos cada día un montón de comportamientos bastante indeseables. Empezando por ese coche que va pegadito al tuyo aunque tú, amablemente, le cedas el paso una o cien veces, y siguiendo también por el que siempre, siempre siempre, va a tomar mal la rotonda, con lo que eso implica para los demás.
Los abusos con las bocinas, los adelantamientos peligrosos, hablar con el móvil en la mano, sacar la cabeza de la ventanilla para insultar… la lista de malos hábitos al volante es interminable. Y, peor aún, pone en peligro la vida de otros conductores, pasajeros, peatones…
Una forma muy personal de amar la naturaleza
Años ha costado que los dueños más cafres de muchos perros se lleven una bolsita para recoger las caquitas de su can. Bueno, pues, una vez conseguido asistimos ahora a una nueva e increíble modalidad: la de tirar la caca al suelo con la bolsita de plástico incluida. Señores: lo de envolver los restos de su perrete incluye también deshacerse de ellos. Dejar un residuo tirado envuelto en un plástico es aún más feo y mucho menos ecológico que dejar la caca suelta.
Otro clásico es el guarro de campo y montaña, al que le gusta pasear por la naturaleza, pero no considera que su lata de refresco o cerveza, ni la bolsita de gusanitos de su retoño, vaya a jorobar el campo: ¡el campo es suyo, faltaba más! Somos los demás los que no deberíamos estar allí. Por eso, pasan los años y podemos encontrar residuos de todo tipo en los lugares más increíbles del patrimonio natural. Hasta el Everest está lleno de ellos, y eso que son montañeros de primer nivel los que suben allí. El surtido de guarros de campo se ha ampliado considerablemente en los últimos años, con la costumbre de celebrar eventos, cumpleaños, fiestas o reuniones infantiles en el parque, en la sierra o en el descampado, además del clásico botellón entre adolescentes y no tan adolescentes. En muchas ocasiones, estos nuevos hábitos implican el vandálico destrozo del lugar, que acaba convirtiéndose  en un auténtico vertedero porque los reunidos no consideran que tras el sarao haya que limpiar. Solicitamos penas verdaderamente altas para aquellos a los que se pille dejando el campo hecho un basurero.
En fin:  en el trabajo, en la comunidad de vecinos, en el cole de los niños y hasta en internet, la mala educación sigue siendo un patrimonio de la humanidad que avanza con la evolución humana y se recicla para generar nuevos y sorprendentes formatos. No dejes de compartir aquellos casos que más te molestan e indignan.
¡Luchemos todos contra los warros siglo XXI!

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